Convocatoria de artículos

Analizada desde un enfoque capitalista, la capacidad productiva de lo arquitectónico es habitualmente asociada con ciertas tipologías muy concretas, como por ejemplo las fábricas o las oficinas, es decir, con aquellos dispositivos que están encaminados a la producción de elementos materiales o servicios. Sin embargo, las posibilidades productivas del espacio son mucho más amplias. Además de estas espacialidades que persiguen dinámicas de rendimiento, beneficio u optimización, pensamos que es posible establecer lecturas transversales que exploren de forma abierta las posibilidades productivas de la arquitectura.

Michel Foucault en su obra Vigilar y Castigar planteaba que el diseño del plan (entendiendo por plan una estructura mental apriorística que persigue un objetivo concreto y que se convierte en espacio a través de un plano) permitía una organización espacial jerárquica que buscaba de manera indistinta la producción de objetos o comportamientos. Esto es, para él, existen unas intenciones previas que, a través de su conversión en arquitectura, condicionarían el comportamiento de los agentes que lo ocupan. En ellos la arquitectura aparece como un elemento de mediación, que recoge intereses y objetivos para materializarlos. Es decir, el diseño del espacio produciría efectos de forma controlada, estableciendo relaciones entre el plan y el plano.

Esta producción puede tener lugar a muy diferentes escalas. Por ejemplo, observándola desde un foco urbano, los criterios de distribución, densidad o el planteamiento de las redes de transporte producen relaciones urbanas y humanas muy cambiantes. De igual manera, el planteamiento de diferentes tipologías de vivienda da lugar a modelos de agrupación que condicionan la forma en la que nos comportamos, regulando la producción de afectos y cuidados. Además, la ocupación de los espacios domésticos y los objetos que los habitan pueden ser leídos como potenciales productores de modos de vida.

Podrían observarse desde el mismo punto de vista otras tipologías específicas: ¿Los hospitales producen salud? ¿Los parques de atracciones entretenimiento? Estas producciones pueden ser incluso sensoriales o experienciales, convirtiéndose el espacio en productor de sorpresa, relajación o excitación en función de su configuración y características. La traslación de estos planes a lo arquitectónico también requiere de mecanismos productivos. ¿No es la representación arquitectónica otro modo de producción? ¿Cómo se convierte el plan en espacio? ¿Existe relación entre el plan y el plano? A veces, incluso, la producción transciende el plan y desemboca en producciones inesperadas. ¿Puede fallar el plan? ¿Existe espacio para la incertidumbre y los efectos colaterales?

Esta convocatoria plantea entonces algunas cuestiones que persiguen ampliar el foco de lo productivo en arquitectura, observando el fenómeno desde un punto de vista global. ¿Qué es la producción arquitectónica? ¿Qué produce? ¿Cómo se produce? ¿Producen solo las fábricas? ¿No es la vivienda también una productora de afectos? ¿Un hospital un productor de cuidados? ¿Un plan urbano un facilitador de segregación o integración social?.

Es el interés de este número por tanto explorar cómo la capacidad productiva de lo arquitectónico se puede ampliar hasta atravesar la disciplina de forma transversal. Desde la planificación urbana o territorial hasta el análisis de los objetos que componen las domesticidades que habitamos, el espacio se presenta aquí como un activador de producciones de diverso tipo: materiales, ideológicas, experienciales o afectivas.